¡Divina residencia universitaria!

29 noviembre, 2016
¡Divina residencia universitaria!

 Cuando de mi pequeño pueblo toledano me fui para Madrid hace unos meses con el fin de estudiar Magisterio, no conocía a nadie en la capital y tenía un miedo tremendo. Este verano, mi madre y yo estuvimos mirando varios pisos compartidos y habitaciones en alquiler, pero ni los pisos nos convencieron ni las habitaciones nos gustaron. A veces, era por culpa del barrio mal frecuentado, o por el precio demasiado elevado, o por la lejanía entre el piso y la universidad. Otras veces, era por culpa de la fealdad y/o falta de comodidades del piso, o por la gente que residía en ellos, o por el ruido y otros detalles por el mismo estilo… Empezábamos a desesperarnos cuando vi por casualidad un anuncio en Internet en el que se publicitaba la residencia universitaria, Institución del Divino Maestro, una fundación benéfico-docente promovida y patrocinada por el Arzobispado de Madrid desde el año 1927, que me llamó particularmente la atención. No sé… había allí algo que me gustó en el acto. Si bien se especificaba en el anuncio que los universitarios se dedicaban al estudio, también se subrayaba que una buena convivencia era asimismo primordial y que, por ello, la residencia estaba organizada sobre un régimen profundamente humano y familiar, basado en la libertad y la responsabilidad de cada uno, lo cual permitía a los estudiantes sentirse como en sus propias casas. Ese detalle me encantó, fue como una revelación y al enseñarle la publicidad a mi madre, ella estuvo totalmente de acuerdo conmigo y ambos supimos que habíamos por fin encontrado lo que estábamos buscando desde hacía meses.

Un lugar idóneo para el estudio y para ampliar mi formación social y humana 

Tras este episodio, les contactamos para que el secretariado nos diera más detalles acerca de las servicios y precios que proponía la residencia. Hecho esto, acordamos un día para ir a visitarla. Debo añadir que otro de los numerosos detalles que me gustaron de la residencia conforme iba informándome sobre ella, es que estaba ubicada en pleno centro de Madrid, que estaba estupendamente comunicada y que se encontraba cerca de las principales universidades y centros de preparación de oposiciones. Eso también era interesante para mí, puesto que una vez finalizados mis estudios, tendría que prepararme para poder opositar. Dicho esto, y una vez llegados a la residencia universitaria, nos llamó mucho la atención la sobriedad del edificio. No obstante, una vez que descubrimos su interior, ¡nos encantó! Para el estudio y el buen compañerismo era lo idóneo. Pues, contaba con numerosas instalaciones y una amplia gama de servicios para el bienestar integral de sus ocupantes, como por ejemplo: unas salas de estudio climatizadas con conexión a Internet por cable y wifi (al igual que en las habitaciones), una biblioteca informatizada, una sala de informática, otra de música, un gimnasio, una pista deportiva para el fútbol sala, el baloncesto y el voleibol, unas salas de vídeo, televisión y proyecciones audiovisuales, otra de juegos diversos, un salón de actos y para los creyentes practicantes una capilla. Con ello, te ofrecían un servicio de comedor de lunes a sábado incluyendo el desayuno, la comida y la cena, un servicio de limpieza, uno de lavandería y tenías acceso a la prensa diaria y semanal. En cuanto a las habitaciones, éstas eran dobles o triples con baños comunes por pasillos. Compartir habitación sería algo genial para mí porque eso me permitiría conocer a gente nueva para compartir ideas, risas, etc. Pues, salir y disfrutar en buena compañía también es fundamental a nuestras edades. Vaya, que esta residencia no podía ser mejor. Además, era económica, y si te quedabas por cualquier razón en Madrid en julio y agosto ¡no pagabas! Lo cual, le añadía todavía más encanto al lugar. Todo era perfecto para mí y decidimos, mi madre y yo, que me quedaría allí para estudiar y progresar.

Desde aquel día han pasado varios meses y debo reconocer que optar por quedarme en la residencia universitaria Divino Maestro, fue la mejor decisión que tomé. Pues, no sólo puedo estudiar en completa tranquilidad con todos los recursos necesarios y disponibles, sino que también puedo participar en las distintas actividades llevadas por nosotros mismos (los estudiantes) a través de comisiones, como son las charlas y coloquios, los certámenes de relatos cortos y de poesía, los concursos de fotografía y cortos de cine, las maratones deportivas, etc. Me siento plenamente feliz en esta fabulosa institución y ello llena igualmente de satisfacción a mi madre…