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¿Qué hago con el perro estas vacaciones?

Cuando tienes un perro, uno de los problemas que te surgen en verano es: ¿Qué hago con el perro en vacaciones? Te lo puedes llevar contigo si en el lugar en el que te vas a alojar admiten perros y no tienes problemas para llevártelo de viaje. Puedes internarlo en una residencia para perros, o puedes pedirle a un amigo que se pase todos los días a pasearlo, darle de comer y echarle un vistazo. Todas estas alternativas tienen sus pros y sus contras. Vamos a valorarlas.

En este momento estoy pasando por ese dilema. Quiero irme unos días a mi ciudad de origen a ver a la familia. Quiero llevarme a mi pareja conmigo, que conozca el lugar en el que crecí y presentarle a mis amigos de la infancia. A mi madre le dan pavor los perros. Solo de imaginarse ver a un animal suelto por el piso le da un patatús.

He consultado lo que me cuesta dejarlo en una residencia canina, he preguntado a un paseador de perros cuánto me cobraría por pasear al perro todos los días y darle de comer. Estoy viendo que este viaje me va a salir por un ojo de la cara. Ahora estoy intentando convencer a mi amigo Juan para que se lo quede en su casa el tiempo que esté de viaje.

La verdad es que para la gente que tenemos perro, esto de las vacaciones se nos complica. Te gustaría que tu perro se fuera contigo, pero no lo admiten en todos sitios. Si no tienes coche o vas a un destino lejano, está el problema del transporte.

Mi amiga Lucía me dice que el mejor medio de transporte para llevarte a un perro de viaje es el avión. Me cuenta que algunas agencias de carga, como Star Cargo, tienen programas especiales como “Animales por avión” en el que te recogen a tu perro dentro de su transportín, lo facturan como carga aérea y viaja en una cámara acondicionada dentro de la bodega del avión.

El perro hace el viaje a las mil maravillas. Está en un departamento solo para mascotas con una temperatura estable de 20º C y una parte de la tripulación pendiente de ellos.

Bueno, antes de decidir si te llevas al perro contigo o no, vamos a valorar las distintas opciones que tienes.

Hoteles que admiten perros.

Dice el blog Por Conocer que cerca de un 20% de los hoteles que hay en nuestro país admiten perros en tu habitación. Suelen cobrar un suplemento de unos 12 € por noche y exhiben el distintivo de “Dog Friendly.”

Sin embargo, no es tan sencillo. En la mayoría de ellos solo admiten animales

con un peso máximo de 10 Kg; es decir, razas pequeñas. Y desde luego no aceptan perros catalogados como razas peligrosas.

Los perros no pueden entrar en determinadas zonas comunes como son los restaurantes. Por suerte, muchos hoteles tienen zonas habilitadas como terrazas donde el perro te puede acompañar mientras te tomas un café.

Tampoco se suele permitir que los perros estén solos en la habitación. Más que otra cosa porque pueden ladrar e incomodar a los demás huéspedes. Además, su presencia supone un impedimento para que el personal del hotel pueda efectuar la limpieza de la habitación. Que te voy a contar, si a veces nos estorban en casa cuando estamos barriendo o haciendo las camas, imagínate si llega un extraño.

Antes de alojarte con tu perro en un hotel debes asegurarte que admiten animales de compañía y bajo qué condiciones.

Residencias caninas.

Otra opción que tienes es dejar a tu perro en una residencia o albergue para perros. Son instalaciones especiales que se dedican al cuidado de estos animales. Según la página web Consumoteca se les aplica la normativa referente a los “núcleos zoológicos”. Esto significa que para poner en marcha un proyecto de este tipo, el propietario debe contar con el dictamen favorable de la Comunidad Autónoma, una licencia del ayuntamiento del municipio en el que se encuentra y debe estar inscrito en el registro de Actividades Económico Pecuarias de la región.

Son instalaciones con todas las garantías suficientes para que tu perro esté bien atendido el tiempo que se encuentre allí. Nada más dejar al animal, el propietario del perro debe firmar un documento por el cual autoriza al establecimiento a llamar a urgencias veterinarias en el caso de que surja algún problema de salud con el perro. Así mismo, el dueño deberá comunicar las peculiaridades en cuento a alimentación, enfermedades o fobias que pudiera tener su animal de compañía.

En el momento de la recogida, la residencia debe entregar al perro en perfectas condiciones higiénicas y sanitarias.

La verdad es que estas residencias para nuestros perros son como unas vacaciones. Como si lleváramos a los niños de colonias. Están en contacto con otros perros, hacen amigos y se acostumbran a una rutina diferente a la que tenían en casa.

Quizás lo pasamos peor nosotros, que nos acordamos de nuestra mascota y nos preguntamos a menudo ¿Cómo estará nuestro perro?, ¿estará bien atendido?, ¿se lo estará pasando bien?, ¿nos echará de menos?

Puede que lo que más nos preocupe en un principio sea el precio, pero es más económico de lo que pensamos. La estancia, con la comida incluida, suele oscilar entre los 15 y los 25 € por día.

Contratar a un paseador de perros.

Podemos decidir que nuestro perro se quede en casa, pero claro, necesitamos que una persona se pase por allí dos o tres veces al día, lo saque a pasear y le ponga comida. Existen profesionales que se dedican a pasear perros. Suelen recoger varios perros de distintos dueños y se los llevan al parque o dar un paseo por el campo.

Algunos de sus perros clientes son habituales y a otros los cogen eventualmente, como puede ser durante una escapada de fin de semana o unas vacaciones.

No es un servicio barato. Una hora del paseador suele salir por unos 12 €. Cada vez que lo sacan a la calle suelen sacarlo mínimo 60 minutos. No es como tu paseo matutino a las 7 de la mañana antes de irte a trabajar que sacas al perro a dar una vuelta a la manzana para que haga sus necesidades.

Hay paseadores que se llevan el perro a su casa y se encargan de él por unos 20 o 25 € al día. Es un sistema parecido al de las residencias caninas. Puede que el paseador tenga un perro propio, pero carece de las garantías sanitarias y administrativas de las residencias oficiales.

Dejar el perro solo en casa y contratar a un paseador es una solución que adoptan algunos propietarios de mascotas para sus ausencias cortas, como puede ser un viaje de fin de semana. Piensan que como el perro se va a quedar en casa estará más tranquilo. En realidad el que está tranquilo es el dueño. Para el perro es una situación nueva y desconcertante. Acostumbrado a ver gente por la casa y de repente encontrarla vacía durante algunos días, a ciertos perros les causa ansiedad.

Otro problema está en que dejas las llaves de tu casa a un desconocido mientras tú no estás allí. No tiene por qué pasar nada, pero dejas al descubierto una parte de tu intimidad en pro de que tu animal esté atendido.

La familia y los amigos.

La última opción es recurrir a la familia o a los amigos para que se encarguen del perro mientras tú te vas de vacaciones. Aquí están las dos variantes. O que el familiar se pase dos veces al día por tu casa y saque a pasear al perro o llevarlo a su casa el tiempo que estemos fuera.

Debes partir de que metes a tu amigo, familiar o amigo en un compromiso. Una cosa es que vengan de visita a tu casa y le hagan carantoñas al perro y otra cosa bien distinta es que se encarguen de él. Cuidar a un animal requiere cierta responsabilidad. Tú lo haces gustosamente porque es tu mascota, lo consideras uno más de la familia. Pero él te está haciendo un favor.

Algunos propietarios recurren a sus familiares para que cuiden de sus mascotas mientras están ausentes para ahorrarse algo de dinero, o porque no han encontrado otra alternativa. Lo justo sería pagar a la persona que ha cuidado de nuestro perro una cantidad. No es porque lo necesiten, sino para objetivizar la situación. Han hecho un trabajo encargándose de nuestra mascota mientras estábamos ausentes y nosotros se lo retribuimos. No tenemos por qué pagarle la tarifa que le pagaríamos a un paseador de perros o a una residencia canina, le damos una cantidad cerrada y si podemos le hacemos un regalo.

Lo ideal, siempre que podamos, es llevarnos el perro con nosotros. Sin embargo, hay que comprender que a veces no es posible y que otras veces nos apetece tener un poco más de intimidad con nuestra pareja. Un perro, sobre todo cuando es pequeño, es como tener un niño chico.

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