El negocio de comprar desde el anonimato en la red

27 junio, 2015
El negocio de comprar desde el anonimato en la red

¿Qué sería de la gente tímida sin internet? El amparo del anonimato y la (aparente) discreción que proporciona la navegación por la red ha permitido que aquellas personas que se sonrojaban invariablemente en la farmacia o en la caja para comprar determinados productos, ahora puedan dar rienda suelta a sus necesidades y hacerse con ellos sin preocupación alguna, cosa que tiendas online como Comercial Apra bien saben. ¿Dónde si no en internet se pueden conseguir sin reparos un cargamento de condones a granel o de íntimas esponjas vaginales?

Y es que, por poder, a estas alturas se puede comprar cualquier cosa vía internet. No les digo más que, en cierta ocasión, merced a un ciudadano británico, la casa de pujas por internet eBay subastó un amigo imaginario, de nombre Jon Malipieman por 3.000 dólares americanos después de 31 ofertas recibidas. La excusa esgrimida por el vendedor es que sentía que su amistad con Jon Malipieman ya no era lo que había sido. El tiempo desgasta hasta las relaciones imaginarias.

En cualquier caso, es sin duda el mercado de lo erótico el que mayores beneficios ha obtenido de la popularización del e-commerce, un modelo de comercio con cada vez más adeptos entre la población española. De acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística -cuyo más reciente informe pone números al comercio electrónico de 2013-, casi un tercio de la población española había realizado algún tipo de compra a través de internet en dicho año. Es decir, 11 millones de internautas que muestran su preferencia por la compra online respecto de la compra tradicional por muy diversos motivos, entre ellos este del anonimato.

En datos concretos, destacan los casos de compañías como las alemanas Beate Uhse y Eis.de. Beate Uhse, pionera en el sector del juguete erótico, ya tenía en ese refugio del anonimato una de sus principales bazas, ya que, después de la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, comenzó su aventura comercial con la venta por correo de prospectos sobre el control de la natalidad, métodos para impedir embarazos indeseados y el envío de preservativos. Los réditos obtenidos le servirían para abrir la primera tienda de objetos sexuales del mundo en 1962. Tras salir a bolsa en 199 y haber empleado hasta a 1.400 personas en su época dorada, Beate Uhse supo reconvertir su actividad apostando por el negocio online, lo que le ha servido para redondear una facturación de 142 millones de euros en 2014. Por su parte, Eis.de es nativa digital. Registrada en el año 2006, ofrece a diario más de 20.000 artículos –además de ideas nuevas- y cuenta en su haber con 6,5 millones de clientes que, en 2013, generaron un volumen de ventas de 18,5 millones de euros.

Pero, en especial, cabe reseñar el caso del portal Amorelie, fundado en 2013 y que ofrece una ventana exclusiva para un tipo de clientela por lo general condenado al ostracismo por los sex shop tradicionales, siempre tan lúgubres y colonizados por un público casi exclusivamente masculino. Su creadora, Lea-Sophie Cramer, supo leer los cambios de tendencia sociales respecto a la sexualidad femenina y su expresión más desinhibida a partir de la popularidad sin parangón de la serie literaria y cinematográfica 50 sombras de Grey, de E.L. James. Gracias a un amplio catálogo de lencería de alta calidad y juguetes sexuales de diseño, ideados para despertar el fuego en la parcela íntima del dormitorio femenino, Amorelie ha experimentado un incremento del 800 % en su facturación en estos apenas dos años de vida.

Sin embargo, conviene andarse con cuidado con aquello que se compra. La tecnología es a la vez la mejor amiga y la peor enemiga del individuo De acuerdo con estimaciones de expertos en seguridad informática, los juguetes sexuales también pueden caer víctimas del ataque de los hackers, piratas de lo ajeno famosos por no respetar ningún tipo de intimidad. Esta firma de seguridad en internet afirma que los modelos conocidos como Cyberdildonics, diseñados para la compartición de experiencias sexuales con terceros y a distancia –lo que incluye entre otras cualidades la grabación de videos-, pueden ser asimismo interceptados, ‘secuestrados’ y manejados desde un ordenador.

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